*El terremoto de magnitud 8.2 sacudió México la noche del 7 de septiembre de 2017 y dejó 99 muertos, miles de viviendas dañadas y una larga reconstrucción
Nacional.- La noche del 7 de septiembre de 2017, México vivió uno de los terremotos más fuertes de su historia reciente. A las 23:49 horas, un sismo de magnitud 8.2 sacudió gran parte del país y tuvo su epicentro en el Golfo de Tehuantepec, a unos 133 kilómetros al suroeste de Pijijiapan, Chiapas.
El movimiento fue percibido en el sur y centro de México, pero Oaxaca y Chiapas concentraron las mayores afectaciones. De acuerdo con el Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred), el terremoto dejó 99 personas fallecidas: 79 en Oaxaca, 16 en Chiapas y cuatro en Tabasco. Además, se contabilizaron 449 mil 628 damnificados, 112 mil 407 viviendas afectadas, 6 mil 419 escuelas y 51 hospitales con daños.

Juchitán, el rostro de la devastación
En Oaxaca, una de las zonas más golpeadas fue el Istmo de Tehuantepec, particularmente Juchitán de Zaragoza, donde viviendas, comercios, escuelas y edificios públicos quedaron destruidos o severamente dañados.
La magnitud de la emergencia llevó a declarar en desastre a 41 municipios de Oaxaca, mientras se activaron recursos para atender las necesidades de alimentación, salud y alojamiento de la población afectada.
El patrimonio histórico tampoco quedó a salvo. En Oaxaca se documentaron daños en 130 inmuebles con valor histórico, entre ellos templos, museos, zonas arqueológicas y espacios culturales. El Palacio Municipal de Juchitán sufrió un colapso parcial y el templo de San Vicente Ferrer perdió alrededor del 80 por ciento de una de sus torres.


En Chiapas también hubo importantes afectaciones. El terremoto dañó viviendas y edificios históricos en distintas comunidades, además de provocar el colapso de estructuras como torres de templos y partes de inmuebles patrimoniales.
La bandera sobre los escombros
Entre las imágenes que quedaron grabadas para siempre en la memoria de aquel terremoto está la de un hombre que subió sobre los escombros en Juchitán y colocó una bandera de México en lo alto.
La escena, registrada en medio de la devastación, se convirtió en uno de los símbolos de aquella tragedia. Frente a edificios destruidos y calles cubiertas de restos de construcciones, el lábaro patrio ondeó sobre las ruinas como una representación de resistencia, esperanza y unidad.
La imagen contrastaba con la magnitud de la destrucción que había dejado el terremoto apenas unas horas antes.
De los escombros a la reconstrucción
Tras el desastre comenzó una de las mayores tareas de reconstrucción emprendidas en el sur del país. En Oaxaca, las labores incluyeron la demolición de viviendas inhabitables, retiro de escombros y construcción de nuevos hogares en los 41 municipios afectados.
Un año después del terremoto, el gobierno federal reportaba que más del 80 por ciento de las viviendas afectadas en Oaxaca y Chiapas se encontraba en proceso de reconstrucción. Para entonces, se habían entregado apoyos a casi 64 mil personas en Oaxaca y a más de 45 mil en Chiapas.
La recuperación también alcanzó templos, escuelas y edificios históricos. En Oaxaca, por ejemplo, se realizaron miles de acciones de vivienda y posteriormente continuaron los trabajos de restauración de inmuebles afectados por el terremoto.
Pero reconstruir no significó borrar las huellas de la tragedia. Para muchas familias, la recuperación implicó volver a levantar sus casas, recuperar sus fuentes de trabajo y, sobre todo, aprender a vivir con la ausencia de quienes murieron aquella noche.

Nueve años después, la memoria permanece
Este 7 de septiembre de 2026, Oaxaca y Chiapas vuelven la mirada hacia aquella noche que cambió la vida de cientos de miles de personas.
El terremoto dejó muerte, destrucción y pérdidas materiales incalculables, pero también mostró una enorme movilización ciudadana. Habitantes, voluntarios, rescatistas, fuerzas de seguridad y organizaciones se sumaron a las labores de auxilio y ayudaron a retirar escombros y atender a las comunidades afectadas.
En Oaxaca, el aniversario se ha convertido también en una fecha de homenaje a las 79 personas que perdieron la vida. En años anteriores, las autoridades han realizado ceremonias e izado la bandera nacional a media asta en su memoria.
Nueve años después, los edificios pueden reconstruirse y las calles pueden volver a la normalidad, pero la memoria de aquella noche permanece.
Y sobre los escombros de Juchitán quedó una imagen que resume el espíritu de quienes enfrentaron la tragedia: una bandera mexicana ondeando entre la destrucción, como símbolo de un pueblo que decidió levantarse.