*Del Bronx a Puebla, el hip-hop se convirtió en una expresión de identidad, arte y resistencia para generaciones de jóvenes a través del rap, graffiti, breaking y DJing.
Puebla, Pue. — Cada 11 de agosto se conmemora el Día Mundial del Hip Hop, una fecha que recuerda aquella fiesta organizada por DJ Kool Herc en 1973, en el Bronx, Nueva York, considerada uno de los momentos fundacionales de una cultura que, más de cinco décadas después, trascendió fronteras y encontró en México, y particularmente en Puebla, una forma propia de expresión.
La historia comenzó en una comunidad neoyorquina donde la música, el baile y el arte callejero se convirtieron en herramientas para convivir, expresarse y contar las historias de los barrios. En aquella fiesta de 1973, Kool Herc experimentó con dos tornamesas para extender los fragmentos instrumentales de canciones de funk y soul, una práctica que sentó bases para el desarrollo del breakbeat y posteriormente del hip-hop.
Con el paso de los años, esta cultura se consolidó alrededor de diferentes expresiones: el DJing, el rap o MCing, el breaking y el graffiti, disciplinas que encontraron en las calles y espacios comunitarios una plataforma para que nuevas generaciones pudieran crear y hacerse escuchar.
Puebla también hizo suyo el hip-hop
Aunque sus raíces están en el Bronx, el movimiento llegó a México durante la década de 1980, principalmente a través de películas, música y medios de comunicación. Puebla fue una de las ciudades donde comenzó a adquirir presencia y, con el tiempo, desarrolló características propias.
Una investigación realizada en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) documentó precisamente el desarrollo del hip-hop en la entidad y señala que el movimiento se convirtió en una cultura presente entre jóvenes poblanos que encontraron en el baile y la música espacios para expresarse y construir identidad.
En Puebla, el hip-hop dejó de ser únicamente una expresión importada y comenzó a mezclarse con las experiencias, problemáticas y formas de hablar de quienes lo practicaban. Las batallas de freestyle, el rap, el breaking, el graffiti y las reuniones urbanas fueron creando comunidades que mantienen vivo el movimiento.
Un ejemplo de esta presencia fue Jungla: Festival de Sonidos Urbanos, realizado en Puebla, que reunió rap, graffiti y breakdance, además de artistas provenientes de diferentes partes del país. El festival fue presentado precisamente como una respuesta al crecimiento de esta cultura a nivel local y nacional.
Una voz para las nuevas generaciones
En Puebla, el hip-hop también ha encontrado un espacio como herramienta de transformación social. En 2025, el Gobierno del Estado se incorporó al movimiento nacional “Hip Hop por la Paz”, una iniciativa que utiliza el rap y el graffiti para promover resiliencia, identidad y paz social entre las juventudes.
Esto refleja una de las características que han acompañado al hip-hop desde sus orígenes: la posibilidad de convertir las experiencias cotidianas en música, palabras, imágenes y movimiento.
La expresión también ha llegado a comunidades indígenas. Artistas poblanos han utilizado el rap para preservar lenguas originarias y hablar de identidad, discriminación y pertenencia. Entre ellos destaca el rapero totonaco Juan Sant, originario de Pantepec, quien incorpora su lengua y la realidad de su comunidad a sus canciones.
Así, aquella cultura nacida en las calles del Bronx encontró en Puebla nuevas historias que contar: desde la vida en los barrios urbanos hasta las tradiciones y lenguas de las comunidades originarias.
A 53 años de aquella fiesta de DJ Kool Herc, el hip-hop continúa evolucionando. En Puebla, sus rimas, beats, murales y movimientos forman parte de una escena que demuestra que una cultura nacida en otro país puede apropiarse, transformarse y adquirir una identidad propia.
Más que un género musical, el hip-hop permanece como una forma de expresión, identidad y comunidad que sigue dando voz a nuevas generaciones.